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En Oficines hemos instalado muebles de oficina en más de 2000 espacios de trabajo, y no nos tiembla la mano cuando afirmamos que todos y cada uno de ellos comparten un mismo problema. Hoy vamos a hablar de un conflicto universal, descubierto gracias al estudio de la intimidad del trabajador. Es una realidad tan pequeña y a la vez tan cierta que ha conseguido afectar a la humanidad irresolublemente. ¿Aún no lo habéis adivinado? Está a tu alrededor. Lo tienes justo enfrente, en la mirada de ese compañero con camisa blanca, bigote y gafas de ver de cerca. Puedes sentirlo en ti mismo, cuando echas la cabeza hacia atrás al entrar en la oficina, como impactado por una ola. Una ola de calor. O de frío. Estamos hablando, por supuesto, del conflicto de la temperatura de la oficina.

El equipo friolero preparándose para coger el mando.

Existen cientos de tipos de oficinas, pero las posibilidades se amplían al infinito cuando hablamos de personas. Y, como resultado de ello, no es de extrañar que hoy en día podamos controlar la música que escuchamos mediante auriculares, ajustar nuestra silla de oficina ergonómica a nuestro tamaño y gustos personales, elegir ese fondo de escritorio tan chulo de nuestras vacaciones en Tenerife. Sin embargo, la temperatura de la oficina es algo que no podemos adaptar a nuestro gusto en particular. A no ser que comencemos una guerra frenética por tomar el control del mando, el juego de la dominación térmica, deberemos llegar a un consenso. Un acuerdo mutuo de paz que resuelva de una vez por todas las diferencias del equipo.

 

Por suerte para vosotros, cuando en Oficines descubrimos el problema nos pusimos a buscar información y estudios científicos para elaborar unas pautas generales que pueden servir a todas las empresas:

El bofetón de calor al entrar a la oficina es el primer problema que debemos resolver. No es bueno para nuestro cuerpo un cambio de temperatura tan brusco. ¿Solución? Muy sencillo: cuando encendamos la calefacción por la mañana, no la pongamos inmediatamente a la temperatura normal, sino unos grados más baja. Es decir, si el aire acondicionado suele estar puesto a 27 grados, empezaremos el día con 22, y lo iremos subiendo progresivamente. Y si alguien llega tarde a trabajar… bueno, él se lo ha buscado.

 

Y ahora viene el punto clave, la conclusión final. Redoble de tambores… ¿Cuál es la temperatura perfecta para la oficina? Pues bien, existe una conclusión científica de todo esto. Sí, existe un grupo de profesionales que se han dedicado a estudiar este tema en particular. Concretamente, es un estudio de la universidad de Cornell en 2004. Lo teníamos delante de nuestros ojos desde hace 13 años y no nos habíamos dado cuenta. El objetivo del estudio era encontrar una zona termoneutral (ni frío ni calor) aplicable a todas las personas, menos alguna excepción acalorada/friolera, por supuesto. Lo hicieron a través de datos biofísicos, midiendo la producción de calor promedio de hombres y mujeres para luego elaborar una media. ¿El resultado? Ni más ni menos que 24 grados es la temperatura perfecta para una oficina, tano en verano como en invierno. Y hasta aquí el argumento científico, la conclusión irrefutable, la punta de lanza para cerrar de una vez por todas esa guerra térmica que a todos nos ha afectado algún día.