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Una implantación que ya es una realidad en algunos (pocos) lugares de España. No hablamos solamente de la jornada intensiva que algunas empresas realizan durante el mes de Julio. Se trata de un sistema que se utiliza durante todo el año, implantado y con resultados positivos.

Iberdrola fue uno de los pioneros en adaptar este modelo (proveniente de nuestros amigos los de Europa del Norte) en sus oficinas de Madrid. Más de 9000 personas sustituyeron su horario normal por una jornada de 8am a 15pm. Y los resultados fueron alarmantemente buenos: Se consiguió una mayor productividad laboral y una menor tasa de absentismo, que llegó a reducirse un 20%. También lo hicieron las bajas por accidentes laborales en un 15%.

El modelo de trabajo de ocho de la mañana a tres de la tarde no sólo beneficia a la productividad, a las tasas de absentismo laboral y al gasto energético que supone tener la oficina menos horas en funcionamiento, sino también beneficia a los trabajadores.

 

Cambio de actitud: ¿Vivir para trabajar, o trabajar para vivir?

Acoger un cambio puede no ser fácil en ocasiones. En la propia Iberdrola hubo cierta resistencia a adoptar este horario. Por supuesto, en pocos días la situación cambió, y ya nadie quiere saber nada sobre trabajar por la tarde. Terminar a las tres supone aumentar considerablemente las horas destinadas al uso personal, la familia y los hijos. Se destinan más horas a hacer deporte, a leer, a visitar zonas de la ciudad, exposiciones y a un sin fin de actividades que no podías realizar saliendo entre las 18 y 20 horas cada día.

¿A dónde nos lleva todo eso? A que cuando lleguemos a la oficina cada mañana nos sintamos más relajados y predispuestos a enfrentarnos al día a día, con menos estrés y preocupaciones. A que aumentemos en calidad de vida, en salud y felicidad. Que cuando la carga de trabajo aumente y tengamos que trabajar dos horas más cada día, no salgamos a las 8 de la tarde sino a las 5. Nos lleva también a la playa. A pasar más tiempo con nuestros hijos. A jugar. A salir a tomar algo en la terraza. A visitar museos y exposiciones. A hacer siesta y salir a correr. A jugar con nuestro perro. Nos da tiempo a empezar a tachar las tareas de la lista de nuestra agenda personal, como ese proyecto que nunca llegaste a realizar. O esa historia que siempre has querido escribir, pero que nunca te motivó hacer los fines de semana.

O simplemente sirve para tomarnos la vida con otra filosofía.