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“Las pequeñas cosas son infinitamente lo más importante” – Sherlock Holmes.

Ah, los pequeños detalles, qué nimios pero relevadores son, ¿verdad? Nuestro amigo Sherlock era un amante de las pequeñas cosas, gracias a las cuales resolvía sus casos con aparente magia. El mundo de los pequeños detalles trasciende de lo físico, y pueden suponer desde una pista clave para un caso policial hasta la base argumental de una película.

 

 

 

 

 

Si dirigimos toda nuestra atención a los detalles, éstos nos dirán cosas que nunca antes habíamos percibido. Por ejemplo, nos revelarán la personalidad de la gente de nuestro alrededor. Incluso observando con atención tus pequeños detalles y manías te darás cuenta de cosas sobre ti mismo que hasta ahora no conocías. Suena extraño, lo sé, pero hablamos de una pequeña faceta tuya, no de que te despiertes una mañana convertido en una cucaracha gigante.

 

Los pequeños detalles son relevadores, pero tampoco nos excedamos.

 

Pero hoy no estamos aquí para hablar de Kafka. En oficines nos encanta conocerte, querido lector, a través de esas pequeñas cosas que pueblan tu mesa de trabajo y no necesitas en el sentido más estricto de la palabra, pero sí en el sentido más emocional. Son esas pequeñas maravillas personales que convierten una mesa cualquiera en tu mesa y santuario.

 

Primer detalle.

Empecemos por un must en la lista de cosas imprescindibles que revelan tu personalidad en el trabajo. Sin duda, hablamos de la taza. Sí, ese recipiente a veces personalizado, otras no, al que podemos darle diferentes usos, posturas y personalidades.

¿Juega un papel importante una taza de escritorio? Mucho, pues revela una gran cantidad de cosas sobre ti.

 

Segundo detalle.

¿Qué sería de la vida si no tuviésemos una parte mística y romántica, que va más allá de lo material para encontrarse con el mundo del esoterismo y la magia? Por eso todos contamos con un amuleto de oficina. Sí, tú también tienes uno. Puede tomar forma de muñeco, de pulsera, de rosario o de caramelo de menta que nunca te comes pero te empeñas en que siga encima de los papeles que pueblan tu mesa. Si de pronto tuvieses que abandonarlo todo para marchar corriendo a otro lugar seguramente cogerías a tus hijos, dinero en efectivo y el caramelo de menta.

 

Tercer detalle.

El bolígrafo. No uno cualquiera, sino ese bolígrafo. El que te regalaron en una ocasión especial, al conseguir un ascenso o como obsequio en una comunión, pero mantienes intacto y sin sacarlo de su estuche original. Puede que lo tengas en la mesa o en el rincón más profundo de tu cajonera, pero la verdad siempre asoma: todos tenemos un bolígrafo florero.

 

Cuarto detalle.

Faltaría más que no hablásemos de esto. Si tienes mujer y/o hijos lo estás echando en falta: el retrato. Esa foto que te recuerda una de las mejores cosas de tu vida. Sin embargo, puede que seas soltero, y sientas una pequeña punzada. Siempre puedes suplir la carencia poniendo una fotografía de tu perro, de Messi, o incluso de ti mismo.